Ya no se trata de imitación, ni de duplicación, ni siquiera de parodia. Se trata de sustituir los signos de lo real por lo real mismo.
Nuestra relación contemporánea con la naturaleza ya no es directa, sino que está interrumpida por un sistema de producción que consume todo lo que encuentra a su paso. Ya no habitamos en ella, sino que la gestionamos. No somos los amos de la tecnología; somos su combustible. Hemos ido perdiendo la capacidad de comprender el mundo natural como aquello sagrado que nos contiene, para asumirlo como un escenario que se diseña; una despensa a nuestra disposición. Esta transformación es, ante todo, fenomenológica: condiciona la manera en que experimentamos y pensamos el mundo.
En El agua y los sueños, Gaston Bachelard propone entender el agua no como un objeto, sino como materia psíquica. El agua quieta lo pone todo en pausa; es el medio ideal para la reverie, un estado de atención lenta e interior, no productiva, donde la imaginación no opera por conceptos, sino por imágenes profundas. Algo similar sucede con la tierra cuando deja de ser territorio explotable y se vive como suelo, como origen: no propiedad ni recurso, sino superficie sensible, la piel de Dios.
Cuando pienso en piscinas, jardines, fuentes monumentales, resorts o paisajes recreativos, los pienso como interrupciones de la reverie: simulaciones de la naturaleza carentes de su espíritu. El diseño de la simulación es un dispositivo de control. La naturaleza ya no emerge a su antojo; se diseña. La convertimos en imagen, estatus, ornamento y artefacto. Lo salvaje queda marginado a los lugares donde todavía no hemos llegado.
Aunque me considero ecologista, estas obras no son activismo ecológico. Me interesa un estado más ambiguo, ubicado en la línea entre lo salvaje y lo gestionado, y su lecturamoral y espiritual. Mi pintura es la naturaleza imaginada y habitada con imágenes de los sueños y los miedos. Pintar es también una forma de resistencia frente a la lógica de control. No una resistencia épica, sino fenomenológica. La pintura no produce, no optimiza, no acelera. Suspende la prisa y permite que la mirada permanezca.
Desde el pensamiento fenomenológico y poético propongo un criterio: la intervención solo puede justificarse cuando es reversible, cuando no interrumpe el potencial de la reverie ni anula la capacidad del mundo de aparecer en sus propios términos. Más allá de ese umbral, la intervención ya no mejora la vida: solo alimenta el sistema.
Somos de la tierra, pero no somos la tierra.
Somos la suma de todas las manifestaciones del agua.

Agua que flota, espera. Agua que corre, aprende. Agua que cae, sueña. Agua que sube, recuerda.

Agua oculta

Agua que va, agua que viene

Attracted to the light

Aguas buenas, aguas malas

The history of water

Winter resort

Jardín civilizado

La jardín descubierto (Pairidaeza)

Study for nocturnal garden

Desert resort

Recreación nocturna

Metros libre

Jardín privado

The spirit of water

Contención

The last garden

Balck garden #2

Liturgia

Lost and saved